El Campo de Marte romano se preparaba para las elecciones para el consulado. En aquella ocasión se presentaban 7 candidatos, entre los que destacaba Gayo Antonio Híbrida, hijo del cónsul Marco Antonio. Frente a él y con las peores expectativas de victoria, estaba Marco Tulio Cicerón.
Joven, primerizo en el ejercicio electoral, sin antepasados nobles que sembraran una tradición familiar en el Senado, y perteneciente a la orden ecuestre, es decir, perteneciente del cuerpo militar; Marco Tulio Cicerón consiguió ganarse el apoyo y votos de aquellos que nunca antes habrían apostado por un homo novus, por un primerizo. Pese a que de todos era conocida la facilidad oratoria del nuevo candidato, las más fuertes herramientas utilizadas por Marco Tulio Cicerón fueron los consejos de su hermano menor, Quinto Tulio Cicerón, que se convirtió en el asesor político de su hermano durante la campaña electoral.
El foro romano no era muy diferente al actual Congreso de los Diputados o a cualquier otro órgano político de nuestra era. Las herramientas han cambiado, pero hay estrategias que siguen sin tener fecha de caducidad, aunque hoy muchos políticos las ignoren o, quizás, ni las conozcan. Todos ellos, políticos y amantes de este arte, pueden encontrar consejos de la Antigua Roma para aplicar en su rutina política como los siguientes:
- Una candidatura a un cargo público debe centrarse en el logro de dos objetivos: obtener la adhesión de los amigos y el favor popular. Pues casi todo lo que se comenta sobre tu reputación de hombre (o mujer) público proviene de tu entorno doméstico (hoy, de tu propio partido)
- Procura que los recursos de la oratoria estén preparados y a punto, y acuérdate de Demóstenes y de su insistencia en el ejercitamiento constante.
- Por mucha fuerza que tengan por sí mismas las cualidades del ser humano, en un asunto de tan pocos meses, las apariencias pueden superar incluso esas cualidades. (La imagen también es importante cuidarla, porque a través de ella también se emiten mensajes)
- La simpatía de los nobles y, sobre todo, la de los ex cónsules (en el caso actual, el apoyo de los varones y candidatos veteranos del partido), puede ayudar mucho a un homo novus. Conviene que aquellas personas a cuya categoría y posición social deseas acceder te consideren digno de tal posición y de tal categoría.
- En cuanto a los votantes, si consigues que deseen apoyarte los que están indecisos, éstos te ayudarán mucho.
- Es preciso que pongas en los intereses que te son adversos toda tu suerte, ingenio, cuidado, esfuerzo y dedicación.
- Hay tres cosas que conducen a las personas a mostrar una buena disposición y a dar su apoyo en unas elecciones: los beneficios, las expectativas y la simpatía sincera. Es preciso estudiar atentamente de qué manera puede uno servirse de estos recursos.
- Para ganarse al pueblo tienes que adaptar tus discursos a las razones por las que cada grupo parece ser partidario tuyo, demostrando unos sentimientos parecidos a los de ellos.
- Dedícate a la ciudad entera, a todas las corporaciones, a las aldeas, a los barrios; si te ganas la amistad de los hombres más importantes de estos grupos, podrás fácilmente, gracias a ellos, contar con el resto.
- El pueblo desea que el candidato lo conozca por su nombre, lo halague, mantenga un trato asiduo con él, sea generoso, suscite la opinión popular y ofrezca una buena imagen en su actividad pública.
- Procura que tu campaña se lleve a cabo con un gran séquito, que sea brillante, espléndida, popular, que se caracterice por su grandeza y dignidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario